La Observancia del Sábado - ¿Con qué limpiará el joven su camino?
sábado, 27 de agosto de 2011



LA OBSERVANCIA del sábado entraña grandes bendiciones, y Dios desea que el sábado sea para nosotros
un día de gozo. La institución del sábado fue hecha con gozo. Dios miró con satisfacción la obra de sus
manos. Declaró que todo lo que había hecho era "bueno en gran manera." (Gén. 1: 31) El cielo y la tierra se
llenaron de regocijo. "Las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios." (Job 38:
7.) Aunque el pecado entró en el mundo para mancillar su obra perfecta, Dios sigue dándonos el sábado como
testimonio de que un Ser omnipotente, infinito en bondad y misericordia, creó todas las cosas. Nuestro Padre
celestial desea, por medio de la observancia del sábado, conservar entre los hombres el conocimiento de sí
mismo. Desea que el sábado dirija nuestra mente a él como el verdadero Dios viviente, y que por conocerle
tengamos vida y paz.
Cuando el Señor liberó a su pueblo Israel de Egipto y le confió su ley, le enseñó que por la observancia del
sábado debía distinguirse de los idólatras. Así se crearía una distinción entre los que reconocían la soberanía
de Dios y los que se negaban a aceptarle como su Creador y Rey. "Señal es para siempre entre mí y los hijos
de Israel," dijo el Señor. "Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: celebrándolo por sus edades por
pacto perpetuo." (Exo. 31: 17, 16.)
Así como el sábado fue la señal que distinguía a Israel cuando salió de Egipto para entrar en la Canaán
terrenal, así también es la señal que ahora distingue al pueblo de Dios cuando sale del mundo para entrar en el
reposo celestial. El sábado es una señal de la relación que existe entre Dios y su pueblo, una señal de que éste
honra la ley de su Creador. 17 Hace distinción entre los súbditos leales y los transgresores.
Desde la columna de nube, Cristo declaró acerca del sábado: "Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados:
porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico."
(Exo. 31: 13.) El sábado que fue dado al mundo como señal de que Dios es el Creador, es también la señal de
que es el Santificador. El poder que creó todas las cosas es el poder que vuelve a crear el alma a su semejanza.
Para quienes lo santifican, el sábado es una señal de santificación. La verdadera santificación es armonía con
Dios, unidad con él en carácter. Se recibe obedeciendo a los principios que son el trasunto de su carácter. Y el
sábado es la señal de obediencia. El que obedece de corazón al cuarto mandamiento, obedecerá toda la ley.
Queda santificado por la obediencia.
A nosotros, como a Israel, nos es dado el sábado "por pacto perpetuo." Para los que reverencian el santo día,
el sábado es una señal de que Dios los reconoce como su pueblo escogido. Es una garantía de que cumplirá su
pacto en su favor. Cada alma que acepta la señal del gobierno de Dios, se coloca bajo el pacto divino y eterno.
Se vincula con la cadena áurea de la obediencia, de la cual cada eslabón es una promesa.
De los diez mandamientos, sólo el cuarto contiene el sello del gran Legislador, Creador del cielo y de la tierra.
Los que obedecen este mandamiento toman sobre sí su nombre, y son suyas todas las bendiciones que entraña.
"Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel,
diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde: haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti
misericordia: Jehová alce a ti su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo
los bendeciré." (Núm. 6: 22-27)
Por medio de Moisés fue dada también la promesa: "Confirmarte ha Jehová por pueblo suyo santo, como te ha
jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y 18 anduvieras en sus caminos. Y verán todos
los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es llamado sobre ti. . . . Y te pondrá Jehová por cabeza y no
por cola: y estarás encima solamente, y no estarás debajo; cuando obedecieras a los mandamientos de Jehová
tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas." (Deut. 28: 9-13.)
El salmista, hablando por el Espíritu Santo, dice:
"Venid, celebremos alegremente a Jehová: cantemos con júbilo a la roca de nuestra salud. . . . Porque Jehová
es Dios grande: y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra, y
las alturas de los montes son suyas. Suya también la mar, pues él la hizo; y sus manos formaron la seca. Venid,
adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor. Porque él es nuestro Dios." "El
nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado." (Sal. 95: 1- 7; 100: 3.)
Estas promesas dadas a Israel son también para el pueblo de Dios hoy. Son los mensajes que el sábado nos
trae.
La reforma en la observancia del sábado
El sábado es un broche de oro que une a Dios y su pueblo. Pero el mandamiento del sábado ha sido violado.
El día santo de Dios ha sido profanado. El sábado ha sido sacado de su lugar por el hombre de pecado, y se ha
ensalzado en su lugar un día de trabajo común. Se ha hecho una brecha en la ley, y esta brecha ha de ser
reparada. El sábado debe ser ensalzado a la posición que merece como día de reposo de Dios. En el capítulo
58 de Isaías, se bosqueja la obra que el pueblo de Dios ha de hacer. Debe ensalzar la ley y hacerla honorable,
edificar en los antiguos desiertos y levantar los fundamentos de muchas generaciones. A los que hagan esta
obra, Dios dice: "Serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del
sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso 19 de
Jehová; y lo venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus palabras: entonces
te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu
padre: porque la boca de Jehová lo ha hablado." (Vers. 12-14.)
La cuestión del sábado será el punto culminante del gran conflicto final en el cual todo el mundo tomará parte.
Los hombres han honrado los principios de Satanás por encima de los principios que rigen los cielos. Han
aceptado el falso día de descanso que Satanás ha exaltado como señal de su autoridad. Pero Dios ha puesto su
sello sobre su requerimiento real. Ambos días de reposo llevan el nombre de su autor, una marca imborrable
que demuestra la autoridad de cada uno. Es nuestra obra inducir a la gente a comprender esto. Debemos
mostrarle que es de consecuencia vital llevar la marca del reino de Dios o la marca de la rebelión, porque se
reconocen súbditos del reino cuya marca llevan. Dios nos ha llamado a enarbolar el estandarte de su sábado
pisoteado. ¡Cuán importante es, pues, que nuestro ejemplo sea correcto en la observancia del sábado!
Al establecer nuevas iglesias, los ministros deben dar instrucción cuidadosa en cuanto a la debida observancia
del sábado. Debemos precavernos, no sea que las prácticas flojas que prevalecen entre los observadores del
domingo sean seguidas por aquellos que profesan observar el santo día de reposo de Dios. La línea de
demarcación debe trazarse clara y distinta entre los que llevan la marca del reino de Dios y los que llevan la
señal del reino de la rebelión.
La preparación para el sábado
El sábado tiene un carácter mucho más sagrado que el que le atribuyen muchos de los que profesan
observarlo. El Señor ha sido grandemente deshonrado por aquellos que no han guardado el sábado de acuerdo
con el mandamiento, en la letra y en el espíritu. El pide una reforma en la observancia del sábado.
Al mismo principio del cuarto mandamiento, el Señor dijo: "Acordarte has." Sabía que entre la multitud de
cuidados y perplejidades, el hombre se vería tentado a excusarse de satisfacer todo lo requerido por la ley, o
se olvidaría de su importancia sagrada. Por lo tanto dijo: "Acordarte has del día del reposo, para santificarlo."
(Exo. 20: 8.)
Durante toda la semana, debemos recordar el sábado y hacer preparativos para guardarlo según el
mandamiento. No sólo debemos observar el sábado en forma legal. Debemos comprender su importancia
espiritual sobre todas las acciones de nuestra vida. Todos los que consideren el sábado como una señal entre
ellos y Dios y demuestren que Dios es quien los santifica, representarán los principios de su gobierno.
Pondrán diariamente en práctica las leyes de su reino. Diariamente rogarán que la santificación del sábado
descanse sobre ellos. Cada día tendrán el compañerismo de Cristo y ejemplificarán la perfección de su
carácter. Cada día su luz brillará para los demás en sus buenas obras.
En todo lo que pertenece al éxito de la obra de Dios, las primeras victorias se han de ganar en el hogar. Allí
debe empezar la preparación para el sábado. Recuerden los padres durante toda la semana que su hogar ha de
ser una escuela en la cual sus hijos se prepararán para los atrios celestiales. Sean correctas sus palabras. No
escapen de sus labios expresiones que sus hijos no debieran oír. Mantengan su espíritu libre de irritación.
Padres, vivid durante la semana como a la vista de un Dios santo, que os ha dado hijos para que los preparéis
para él. Educad así la pequeña iglesia que hay en vuestro hogar, a fin de que el sábado todos puedan estar
preparados para adorar en el santuario del Señor. Presentad cada mañana y noche vuestros hijos a Dios como
su heredad comprada con sangre. Enseñadles que es su más alto deber y privilegio amar y servir a Dios.
Los padres deben ser escrupulosos y hacer del culto de Dios una lección objetiva para sus hijos. Deben tener
con frecuencia  en los labios pasajes de la Escritura, especialmente los que preparan el corazón para el
servicio religioso. Bien podrían repetirse a menudo las preciosas palabras: "Alma mía, en Dios solamente
reposa; porque de él es mi esperanza." (Sal. 62: 5.)
Cuando el sábado se recuerde así, no se permitirá que lo temporal usurpe lo que pertenece a lo espiritual.
Ningún deber que incumbe a los seis días hábiles será dejado para el sábado. Durante la semana nuestras
energías no se agotarán de tal manera en el trabajo temporal que, en el día en que el Señor descansó y fue
refrigerado, estemos demasiado cansados para dedicarnos a su servicio.
Aunque deben hacerse preparativos para el sábado durante toda la semana, el viernes es un día especial de
preparación. Por medio de Moisés, el Señor dijo a los hijos de Israel: "Mañana es el santo sábado, el reposo
de Jehová: lo que hubierais de cocer, cocedlo hoy, y lo que hubierais de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os
sobrare, guardadlo para mañana." "Derramábase el pueblo, y recogían [el maná], y molían en molinos, o
majaban en morteros, y lo cocían en caldera, o hacían de él tortas." (Exo. 16: 23; Núm. 11: 8.) Había algo que
hacer para preparar el pan enviado por el cielo a los hijos de Israel. El Señor les dijo que esta obra debía
hacerse en viernes, día de preparación. Esto era una prueba para ellos. Dios deseaba ver si querían santificar el
sábado o no.
Estas indicaciones de los labios de Jehová son para nuestra instrucción. La Biblia es una guía perfecta, y si se
estudian sus páginas con oración y corazón dispuesto a comprender, nadie necesita errar acerca de esta
cuestión.
Muchos necesitan instrucción en cuanto a cómo deben presentarse en la asamblea para adorar en sábado. No
han de entrar en la presencia de Dios con las ropas que llevan comúnmente durante la semana. Todos deben
tener un traje especial para el sábado, para llevarlo cuando asistan al culto en la casa de Dios. Aunque no
debemos conformarnos a las modas mundanales, no debemos ser indiferentes acerca de nuestra apariencia
exterior. Debernos ser aseados y estar bien arreglados, aunque sin adornos. Los hijos de Dios deben ser
limpios en su interior y exterior.
Terminense el viernes los preparativos para el sábado. Cuidad de que toda la ropa esté lista y que se haya
cocinado todo lo que debe cocinarse, que se hayan lustrado los zapatos y tomado los baños. Es posible lograr
esto. Si lo establecéis como regla, podéis hacerlo. El sábado no debe destinarse a reparar ropas, a cocinar
alimentos, a los placeres, o a otra ocupación mundanal. Antes de que se ponga el sol, debe ponerse a un lado
todo trabajo secular, y guardarse fuera de la vista todos los periódicos de ese carácter. Padres, explicad a
vuestros hijos lo que hacéis y os proponéis, y dejadlos participar en vuestra preparación para guardar el
sábado según el mandamiento.
Debemos cuidar celosamente las extremidades del sábado. Recordemos que cada momento es tiempo santo y
consagrado. Siempre que se pueda los patrones deben dejar en libertad a sus obreros desde el viernes al medio
día hasta el principio del sábado. Dadles tiempo para la preparación, a fin de que puedan dar la bienvenida al
día del Señor con espíritu tranquilo. Una conducta tal no os infligirá pérdidas, ni aun en las cosas temporales.
Hay otra obra que debe recibir atención en el día de preparación. En ese día deben ponerse a un lado todas las
divergencias entre hermanos, ora sea en la familia o en la iglesia. Expúlsese del alma toda amargura, ira y
malicia. Con espíritu humilde, "confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que
seáis sanos." (Sant. 5: 16.)
Antes que empiece el sábado, tanto la mente como el cuerpo deben retraerse de los negocios mundanales.
Dios puso el sábado al fin de los seis días de trabajo para que los hombres se detengan y consideren lo que han
ganado en la semana en su preparación para el reino puro que no admitirá transgresor. Debemos hacer cada
sábado un examen de nuestras almas para ver si la semana fenecida trajo ganancia o pérdida espiritual. 23
Santificar el sábado para el Señor significa salvación eterna. Dios dice: "Yo honraré a los que me honran." (1
Sam. 2: 30.)

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